domingo, 24 de mayo de 2009

**OBSTÁCULOS**


Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte
se recorta la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien.
Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo
que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis
sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que
más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo,
lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar
hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un
poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo
que una enorme zanja me impide mi paso. Temo... dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras
decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me
repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y
también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me
sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de
que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos...
Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está
hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un
gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo
escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a
un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe
con complicidad.

Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja:
-¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta:
-¿Por qué me lo preguntas a mí? Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras....Los obstáculos los trajiste tú.

lunes, 11 de mayo de 2009

**CUENTOS DE BUDA**

Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión.
Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida.
Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de los sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
-¿No estás enfadado, señor? -No, claro que no.
sin salir de su asombro, inquirió: -¿Por qué?
Y el Buda dijo:
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca,
ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada.
El Maestro dice: ...
Para el que sabe ver, todo es transitorio;
para el que sabe amar, todo es perdonable.

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Descansaba una vez Buddha bajo a un árbol cercano a un estanque. Cuando vino a el un joven y le pregunto. MAESTRO ¿que debo hacer para encontrar la verdad? -sin responder, el Buddha se le acerco y de un empujón lo arrojo en el estanque, manteniéndole después sumergida la cabeza.

Lucho el joven infructuosamente por liberarse y cuando ya daba muestras de desvanecimiento.

El Maestro le permitió salir. Una vez repuesta de la sorpresa, El Buddha le inquirió: Cuando estabas bajo el Agua, ¿pensaste en bellas mujeres?

- NO, dijo el joven.

¿Pensaste en Ricos manjares o en viajes por el mundo? Una vez más la respuesta fue negativa.

Cuando anheles hallar la verdad con la misma vehemencia con que deseabas respirar, agregó el Buddha, cuando tan profundamente lo anheles en tu ALMA, ese día seguro la encontraras.